Barcelona, 1955.
José Manuel Berenguer
Luci, sin nombre y sin memoria, 2008
«Luci» reproduce el funcionamiento de un sistema de autoorganización inspirado en el comportamiento de las luciérnagas en los manglares del sudeste asiático. Se ha observado que cuando el macho emite una señal intermitente, la hembra responde con una señal similar. Al principio, las emisiones tienden a la similitud antes de coincidir completamente. Este es solo un ejemplo de lo que constituye una característica general de la naturaleza: la existencia de osciladores acoplados, sistemas que tienden a estabilizarse en determinados estados de secuencia periódica siempre que no se produzcan fluctuaciones lo suficientemente potentes como para interrumpir la estabilidad de estas configuraciones.
«Luci» consta de 64 unidades, cada una compuesta por 5 transmisores, sensibles a la luz y al sonido, cuyo comportamiento rítmico configura innumerables patrones caóticos que tienden a la estabilidad. Los componentes individuales no tienen información sobre el comportamiento del conjunto y el comportamiento de “Luci” es manifiestamente más complejo que el de sus componentes. La alteración de la luminosidad ambiental producida por la intervención del visitante estimula la comunicación de los componentes provocando una nueva configuración acoplada. Aunque los patrones polirrítmicos de adaptación no siempre son iguales, y a pesar de que los puntos de partida y los recorridos pueden ser esencialmente diferentes, siempre acaban en el mismo lugar. Luci es una prueba de que el mundo está lleno de relojes que tienden a coincidir y cuyos latidos generan un sonido de dimensiones universales que nos da una idea del orden que creemos percibir en la naturaleza.
“Luci” es, en última instancia, una alusión a la irreversibilidad de la naturaleza y a la certeza absoluta de la muerte.